
Recientemente decidí que quería empezar a desarrollar mis habilidades de dibujo más allá de las caricaturas. He estado improvisando unos bocetos aquí y allá, buscando imágenes en internet o mi imaginación, y he llegado a una sencilla conclusión: me falta mucho para hacer un dibujo decente. Disfruto de hacer garabatos y me gusta ver el papel absorber la tinta de la pluma, pero fuera de eso mis dibujos siguen siendo, de cierto modo, caricaturas.
Otra cosa es obvia: sólo sé dibujar figuras masculinas. Y no sé si mi limitación es personal o cultural, pero pareciera que la razón yace en la manera en la que vemos (o veo) a las mujeres. La tinta marca el comienzo y el final de un espacio, es categórica, son claroscuros donde no existe la textura a terciopelo. Es como querer dibujar un durazno con un gis.
Dibujar a una mujer requiere más delicadeza: se necesitan evitar los grumos y los rayones accidentales. Un error en el dibujo se convierte automáticamente en uno garrafal.
Un día de estos me compro acuarelas.
